Para más noticias sobre el proyecto arte+valido:
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Entrenando al aire libre
Cuando el tiempo lo permite, nos gusta hacer deporte en alguno de los gimnasios urbanos de los pueblos de las inmediaciones. A la vez que nos ponemos en forma utilizamos los recursos de nuestra comunidad.
Nos lo hemos ganado
El taller de Creatividad se va de comida sufragada con lo recaudado en los mercadillos.
Volver al barrio como terapia
Nos vamos de excursión a Aranjuez a visitar a la familia de Pepe. Conocemos su barrio, saludamos a los vecinos y recordamos anécdotas de su infancia. No sólo él se beneficia de esa actividad, sino que sirve de detonante para trabajar la memoria, el lenguaje y las emociones con los mayores.
Curso LGTBI
Algunos de nuestros autogestores acuden a la sede de Plena Inclusión Madrid para asistir a un curso sobre los derechos de las personas LGTBI.
Buscando el fresquito
Con la llegada del calor planificamos salidas a sitios en los que podamos combatir bien el calor.
El esfuerzo tiene recompensa
El equipo de baloncesto sale a comer para cerrar la temporada como reconocimiento al trabajo de todo el año.
Igualmente celebramos el esfuerzo de toda la temporada con el grupo de piscina, que sale a disfrutar de un rico desayuno.
Aprendemos más cosas sobre la discapacidad intelectual
TERAPIA DE REMINISCENCIA
La visita al barrio de la infancia funciona como una excelente terapia no farmacológica para las personas mayores, un proceso conocido en psicología como terapia de reminiscencia. El entorno físico actúa como un detonante directo de recuerdos, beneficiando la salud mental, cognitiva y emocional en la vejez.
Algunos de estos beneficios son:
Estimulación cognitiva: Los lugares físicos activan la memoria episódica a largo plazo. Recordar rutas, tiendas antiguas y calles ejercita la orientación espacial y estimula la creación de narrativas, lo que mejora la fluidez del lenguaje.
Bienestar emocional y autoestima: Conectarse con los orígenes refuerza la identidad personal («saber quién soy y de dónde vengo»). Recordar vivencias juveniles genera una nostalgia gratificante, eleva el estado de ánimo y aporta una fuerte sensación de orgullo y valor personal.
Socialización y activación física: El deseo de explorar el antiguo barrio motiva a las personas a caminar y mantenerse en movimiento. Además, abre la puerta a encuentros fortuitos con viejos conocidos o vecinos, lo que combate directamente el aislamiento y la soledad.
Cuando se aplica en personas mayores con discapacidad intelectual, esta actividad se convierte en una herramienta de reminiscencia adaptada aún más valiosa. Debido a que este colectivo suele experimentar un envejecimiento prematuro que afecta la comunicación, el entorno físico ofrece ventajas únicas:
Activación a través de estímulos tangibles: La estimulación no depende de conceptos abstractos, sino de los sentidos. Los colores, olores y sonidos del barrio activan la mente de forma directa, reduciendo la desorientación y anclando a la persona a la realidad.
Comunicación sin frustración: Al apoyarse en la memoria a largo plazo (que suele estar mejor preservada), la persona experimenta menos frustración al expresarse. El entorno les evoca recuerdos que pueden manifestar a través de gestos, sonrisas o palabras sencillas al señalar lugares de su agrado.
Seguridad emocional y pertenencia: Volver a un espacio que les resulta familiar y predecible reduce drásticamente los niveles de ansiedad y estrés. Esta experiencia valida su historia de vida, refuerza su sentido de pertenencia a una comunidad y fortalece fuertemente el vínculo afectivo con el familiar o cuidador que los acompaña.